Les ha pasado alguna vez que conocen a alguien, su siguiente intención es saludarle afablemente y se topan con un muro de hielo. Pues seguramente acabas de toparte con un discapacitado del corazón. Son esas personas frías que no expresan gesto ni de alegría ni de tristeza. Es como un cuerpo sin alma en donde sólo está ahí porque tiene que estar.
Muy al contrario hay otras rebosantes de alegría sin necesidad de que les haya ocurrido algo especial, simplemente su naturaleza es sonreír, tienen problemas como cualquier mortal y pueden tener sus momentos tristes pero se recuperan de esto sin dejar secuelas.
Cualquiera dirá: claro pero no todos somos iguales, es cierto pero es nuestra decisión hacer de nuestros días un día especial para vivir o simplemente otro día más viviendo porque sí.
Las personas alegres tienen un común denominador: saben reír pero también saben llorar. Expresan sus sentimientos y por lo general son muy sinceros y esperan que las demás personas lo sean con ellos. He ahí que muchos se decepcionan en este mundo con un alto grado de indiferencia y hasta crueldad pero es ahí donde la fortaleza interna nos demuestra en realidad que tan fuerte somos ante las embestidas de la vida.
Por este sendero sólo caminaremos una vez. Disfrutemos lo que nos rodea si es bueno: amigos, familia, hijos, compañeros de trabajo, etc... y si no hay cosas buenas, analicemos que esta pasando, volteemos la página y busquemos la felicidad que ansiamos y que necesita nuestro corazón. Recordemos que cuando nos toque partir de este mundo no nos podremos llevar las cosas materiales, pero nuestros recuerdos son sólo nuestros al igual que las alegrías. Ayudemos a otros a ser mejores sonriendo, diciendo por favor y gracias aunque no nos contesten. Quizás nos sorprenda que algún día nos devuelvan el saludo más a menudo. Así nuestra semillita quedará sembrada en la vida de los otros también y no pasaremos a la historia como discapacitados del corazón.



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