Yo nunca he sido adicta al uso del celular, para empezar y lamento si hiero a alguien...odio el blackberry y sus soniditos...Ya sé que se pueden callar pero parece que los usuarios de este tipo de celular GOZA con estresar al resto de los mortales con sus ruiditos repetitivos y agudos.
Recuerdo que cuando mi celular decidió fallecer, le dije a mi esposo que buscaramos un modelo sencillo, de esos que sirve sólo para contestar, al fin y al cabo para eso son los celulares, para hablar, pero se empecinó en que debía tener uno tactil que se conectara a la red social, que pudiera ver mi correo y la emoción iba en aumento como si el celular fuera para él. Como el que iba a pagarlo era él y no yo, dejé que lo comprara pero enseguida el aparato en cuestión me hizo sentir como verdadera cavernícola. La tecnología tactil era demasiado sensible a mis dedos e iba adonde no quería. No lograba poner los ajustes como yo quería y me volví un trauma con el celular. Cuando al fin nos logramos llevar de maravilla...ZAS! un gracioso sin oficio, decidió robarme el celular del bolso.
Ahora volví a las mismas del principio. No tengo celular, por lo tanto no puedo llamar ni recibir llamadas de nadie. Fue como volver a ser adolescente / universitaria (honestamente los celulares cuando salieron solo era para gente adinerada y era como cargar un bloque en vez de un telefono). Las personas ahora que saben que no tengo celular, me miran con lástima, ja ja ja, sí...con lástima, como si el aparato fuese pariente mío. Tal vez sea una manera de reconciliarme con el silencio pero honestamente, no tener con quien conversar es como ser una isla. Buscaré uno de esos celulares baratos que te lo devuelven si se te olvida en algún lado. Son tan "gallos" que parecen venir en la caja de cereales. Tal vez sea mejor, ¿no creen? La vida es una sola y como venga hay que vivirla. Bendiciones amig@s
martes, 25 de septiembre de 2012
lunes, 24 de septiembre de 2012
Profesional y Madre
Desde pequeñas se nos enseña a ser responsables, a asistir al colegio y cumplir con nuestros deberes. Además nos van entrenando a ser amas de casas. Debemos mantener nuestro cuarto limpio y poco a poco las obligaciones van en aumento. Tal vez por estas exigencias nosotras mismas nos volvemos exigentes cuando nos toca ser madres.
Entre las decisiones que hay que tomar llega la de elegir una profesión acorde a nuestros gustos, habilidades y que además de todo nos guste. Hasta aquí la cosa parece fácil pero cuando nos enamoramos y decidimos formar una familia, nos damos cuenta lo difícil que nos hace la vida el corazón y es que ese impertinente órgano musculoso empieza una batalla entre lo que deseamos y lo que tenemos. Nos gusta trabajar...no somos unas vagas. El problema es que cuando nacen los niños, desearíamos pasar con ello la mayor parte de nuestro tiempo.
Algunas veces tienes las facilidades de tu entorno social. Si tienes algo de ayuda económica puedes conseguir un empleo que te permita pasar más tiempo con tus niños pero seamos realistas, en mi bello Panamá y con el tranque tan horroroso que tenemos que vivir todos los días, es más lo que no las pasamos sentados en medio del tráfico que con nuestros familiares. Hasta hace poco me tocó ser una esclava de 8 a 5. Si parece que 8 horas laborables y 1 de almuerzo no es tanto pero si a eso le añades que para llegar a las 8 a trabajar debes levantarte a las 4:00 a.m., organizar las cosas antes que se levanten los otros miembros de tu familia y además prepararles el desayuno para salir corriendo a las 5:30 de la madrugada y "chifear" el tranque de la mañana para poder llegar a tiempo para laborar, uf! ya de solo escribirlo me cansé. Ahora el regreso era un trauma igual. Salía con suerte a las 5:00 en punto. Como era hora "pico" (alto tráfico) me tomaba casi una hora llegar a la terminal, luego hacía una fila como si fuera a concierto, con la única diferencia que el premio era ver llegar el autobús con un gordo, o viejo, o amargado chofer...(ustedes elijen la que prefieran). Subir al bus era un placer celestial luego de estar casi 45 minutos en fila y solo debías hacerte la idea que estabas en un sauna para que la terapia de desestres mental funcione. Algunas veces sin tranque llegaba a casa entre 7 a 7:30 p.m. pero las últimas semanas llegué a mi casa alrededor de las 8:30 de la noche.
Toda esta odisea no me hizo más que ver lo tristeeeeee que era mi vida porque obviamente el cansancio, el deseo de estar con mi familia y lo estresante de mi trabajo me hizo decidir por más tiempo de calidad con mis hijos. Esto significó menos trabajo y también menos ingreso pero saben que...SOY FELIZ. Algunos tal vez no entenderán el punto pero lo importante es que cuando uno mira hacia atrás y haces un recuento del tiempo y las cosas que pasaste con tus hijos, te das cuenta de que valió la pena.
Entre las decisiones que hay que tomar llega la de elegir una profesión acorde a nuestros gustos, habilidades y que además de todo nos guste. Hasta aquí la cosa parece fácil pero cuando nos enamoramos y decidimos formar una familia, nos damos cuenta lo difícil que nos hace la vida el corazón y es que ese impertinente órgano musculoso empieza una batalla entre lo que deseamos y lo que tenemos. Nos gusta trabajar...no somos unas vagas. El problema es que cuando nacen los niños, desearíamos pasar con ello la mayor parte de nuestro tiempo.
Algunas veces tienes las facilidades de tu entorno social. Si tienes algo de ayuda económica puedes conseguir un empleo que te permita pasar más tiempo con tus niños pero seamos realistas, en mi bello Panamá y con el tranque tan horroroso que tenemos que vivir todos los días, es más lo que no las pasamos sentados en medio del tráfico que con nuestros familiares. Hasta hace poco me tocó ser una esclava de 8 a 5. Si parece que 8 horas laborables y 1 de almuerzo no es tanto pero si a eso le añades que para llegar a las 8 a trabajar debes levantarte a las 4:00 a.m., organizar las cosas antes que se levanten los otros miembros de tu familia y además prepararles el desayuno para salir corriendo a las 5:30 de la madrugada y "chifear" el tranque de la mañana para poder llegar a tiempo para laborar, uf! ya de solo escribirlo me cansé. Ahora el regreso era un trauma igual. Salía con suerte a las 5:00 en punto. Como era hora "pico" (alto tráfico) me tomaba casi una hora llegar a la terminal, luego hacía una fila como si fuera a concierto, con la única diferencia que el premio era ver llegar el autobús con un gordo, o viejo, o amargado chofer...(ustedes elijen la que prefieran). Subir al bus era un placer celestial luego de estar casi 45 minutos en fila y solo debías hacerte la idea que estabas en un sauna para que la terapia de desestres mental funcione. Algunas veces sin tranque llegaba a casa entre 7 a 7:30 p.m. pero las últimas semanas llegué a mi casa alrededor de las 8:30 de la noche.
Toda esta odisea no me hizo más que ver lo tristeeeeee que era mi vida porque obviamente el cansancio, el deseo de estar con mi familia y lo estresante de mi trabajo me hizo decidir por más tiempo de calidad con mis hijos. Esto significó menos trabajo y también menos ingreso pero saben que...SOY FELIZ. Algunos tal vez no entenderán el punto pero lo importante es que cuando uno mira hacia atrás y haces un recuento del tiempo y las cosas que pasaste con tus hijos, te das cuenta de que valió la pena.
sábado, 22 de septiembre de 2012
Por nuestros hijos...la vida.
Hace tan solo 2 días conversaba con una amiga al respecto de la locura que fue el quinceaños de su hija. Resulta que la madre en cuestión aunque está casada, es como divorciada virtual ya que el esposo trabaja en otra parte del país y se ven cada 6 semanas. Mientras tanto a ella le toca llevar el peso de su hogar y las decisiones prácticamente sola.
Me cuenta que un principio, no consideraba hacer un quinceaños, sin embargo por la ayuda externa de tías, abuelas, amigas y demás que no hacen más que complicarle la vida a cualquiera, convencieron a la chica que era importante celebrar los 15 años, en lugar de un viaje como era el plan inicial. Tocó entonces correr para planificar el quinceaños, primero el tema, en este caso fue típico, luego la decoración y a corretear lugar y convertirse también en coordinadora de banquetes para satisfacer a los invitados con el menú correcto.
Es increíble todo lo que a detalle me contó mi amiga y pensé que tan sólo me faltan 11 años (sí, porque 11 años no es mucho tiempo...NO ES NADA!!!, imagínense si para Gardel, 20 años no es nada, ahora para mí 11 años). Ahorita estoy enredada con un simple canta´o de cumpleaños para celebrarle los 4 añitos a mi hija, no quiero ni pensar cuando llegue el momento crucial de los quinceaños. Ya me veo halandome las greñas, histérica porque la coordinación no va a la par de mis ideas o porque simplemente no consigo lo que planee. ¿Tonterías de mujeres? Nooooo... esto es fundamental para el resto de nuestra existencia. Una chica vive su quinceaños y aunque diga que no quiere nada...(esto no es cierto, siempre lo quieren pero algunas tienen misericordia de sus padres), es algo con lo que toda chica sueña.
Mientras llegue el momento, seguiré con mi enredo de los 4 añitos en donde solo tengo que ver el dulce, la piñata, las invitaciones, las canastitas, la comida, la música y que nadie se aburra. ¿Qué más puedo desear?
Me cuenta que un principio, no consideraba hacer un quinceaños, sin embargo por la ayuda externa de tías, abuelas, amigas y demás que no hacen más que complicarle la vida a cualquiera, convencieron a la chica que era importante celebrar los 15 años, en lugar de un viaje como era el plan inicial. Tocó entonces correr para planificar el quinceaños, primero el tema, en este caso fue típico, luego la decoración y a corretear lugar y convertirse también en coordinadora de banquetes para satisfacer a los invitados con el menú correcto.
Es increíble todo lo que a detalle me contó mi amiga y pensé que tan sólo me faltan 11 años (sí, porque 11 años no es mucho tiempo...NO ES NADA!!!, imagínense si para Gardel, 20 años no es nada, ahora para mí 11 años). Ahorita estoy enredada con un simple canta´o de cumpleaños para celebrarle los 4 añitos a mi hija, no quiero ni pensar cuando llegue el momento crucial de los quinceaños. Ya me veo halandome las greñas, histérica porque la coordinación no va a la par de mis ideas o porque simplemente no consigo lo que planee. ¿Tonterías de mujeres? Nooooo... esto es fundamental para el resto de nuestra existencia. Una chica vive su quinceaños y aunque diga que no quiere nada...(esto no es cierto, siempre lo quieren pero algunas tienen misericordia de sus padres), es algo con lo que toda chica sueña.
Mientras llegue el momento, seguiré con mi enredo de los 4 añitos en donde solo tengo que ver el dulce, la piñata, las invitaciones, las canastitas, la comida, la música y que nadie se aburra. ¿Qué más puedo desear?
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