lunes, 24 de septiembre de 2012

Profesional y Madre

Desde pequeñas se nos enseña a ser responsables, a asistir al colegio y cumplir con nuestros deberes.  Además nos van entrenando a ser amas de casas.  Debemos mantener nuestro cuarto limpio y poco a poco las obligaciones van en aumento.  Tal vez por estas exigencias nosotras mismas nos volvemos exigentes cuando nos toca ser madres.

Entre las decisiones que hay que tomar llega la de elegir una profesión acorde a nuestros gustos, habilidades y que además de todo nos guste.  Hasta aquí la cosa parece fácil pero cuando nos enamoramos y decidimos formar una familia, nos damos cuenta lo difícil que nos hace la vida el corazón y es que ese impertinente órgano musculoso empieza una batalla entre lo que deseamos y lo que tenemos.  Nos gusta trabajar...no somos unas vagas.  El problema es que cuando nacen los niños, desearíamos pasar con ello la mayor parte de nuestro tiempo.

Algunas veces tienes las facilidades de tu entorno social.  Si tienes algo de ayuda económica puedes conseguir un empleo que te permita pasar más tiempo con tus niños pero seamos realistas, en mi bello Panamá y con el tranque tan horroroso que tenemos que vivir todos los días, es más lo que no las pasamos sentados en medio del tráfico que con nuestros familiares.  Hasta hace poco me tocó ser una esclava de 8 a 5.  Si parece que 8 horas laborables y 1 de almuerzo no es tanto pero si a eso le añades que para llegar a las 8 a trabajar debes levantarte a las 4:00 a.m., organizar las cosas antes que se levanten los otros miembros de tu familia y además prepararles el desayuno para salir corriendo a las 5:30 de la madrugada y "chifear" el tranque de la mañana para poder llegar a tiempo para laborar, uf! ya de solo escribirlo me cansé.  Ahora el regreso era un trauma igual.  Salía con suerte a las 5:00 en punto.  Como era hora "pico" (alto tráfico) me tomaba casi una hora llegar a la terminal, luego hacía una fila como si fuera a concierto, con la única diferencia que el premio era ver llegar el autobús con un gordo, o viejo, o amargado chofer...(ustedes elijen la que prefieran).  Subir al bus era un placer celestial luego de estar casi 45 minutos en fila y solo debías hacerte la idea que estabas en un sauna para que la terapia de desestres mental funcione.  Algunas veces sin tranque llegaba a casa entre 7 a 7:30 p.m. pero las últimas semanas llegué a mi casa alrededor de las 8:30 de la noche.

Toda esta odisea no me hizo más que ver lo tristeeeeee que era mi vida porque obviamente el cansancio, el deseo de estar con mi familia y lo estresante de mi trabajo me hizo decidir por más tiempo de calidad con mis hijos.  Esto significó menos trabajo y también menos ingreso pero saben que...SOY FELIZ.  Algunos tal vez no entenderán el punto pero lo importante es que cuando uno mira hacia atrás y haces un recuento del tiempo y las cosas que pasaste con tus hijos, te das cuenta de que valió la pena.

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