Cuando se es joven, todo se ve exageradamente más grave de lo que realmente es. Tal vez por la inexperiencia o por el afán de querer más y más rápido.
Hay ocasiones en que me pongo a repasar los hechos de mi vida y pienso en la cantidad de errores que cometí pero sin lamentarlo porque en realidad fue mucho lo que aprendí. De que me dolieron los tropezones, no hay duda, pero la experiencia es algo de mucho valor. Ahora soy madre y me corresponde ver los pininos de mi hijo adolescente en cuestiones del corazón. En ocasiones, su intensidad de amor ciego hacia la chica y luego la profunda decepción de esperar más de lo que recibe (cosa común cuando se tienen muchas expectativas).
Estoy segura que esta no es la relación definitiva. Estamos hablando de un noviazgo de chicos de apenas 15 años y todos sabemos que si nos vamos a las estadísticas sería menos de 1% los que llegan a ser pareja después y menos de la mitad de este 1% permanecen juntos for ever and ever como en los cuentos. Ni siquiera uno ya de adulto tiene esa garantía con la rapidez con la que se mueve el mundo.
Darle consejos es lo único que me queda pero siendo la madre a veces soy ignorada porque entro en la etiqueta de: antique, tú no sabes, no me entiendes, no me escuchas, etc etc etc. Me imagino que son muchas más las mamás que están viviendo esta situación. Ahora bien, pienso a futuro cuando mi bebé (porque todavía es mi bebé de 3 años) pase por lo mismo, espero tenerle más respuestas.
Volviendo a cosas más divertidas, una amiga publicó en su facebook un comentario que se me hizo divertido. Decía que uno recuerda más el primer beso, que la primera vez que tiene sexo y la verdad, yo creo que sí.
Yo tenía 19 años... Sí sé que parece mucha edad para el primer beso, pero a mí no me dejaban salir ni al patio de la esquina pero era un muchacho muy simpático que vivía justo en el departamento debajo del mío. Un día, o mejor dicho una noche, lo oí tocando guitarra eléctrica. La tocaba muy bien y yo estaba en el balcón con una amiga y se nos ocurrió mandarle un mensajito colgado de un hilo diciendo: Toca otra vez por favor, nos gusta tu música. Él recogió el papelito, lo leyó y se asomó al balcón y nos vió. Con una amplia sonrisa nos preguntó si podía subir a conocernos y nosotras nos echamos a reir y por supuesto que le dijimos que sí. Era el chico más lindo que había visto en mi vida y para suerte mía, era a mí a la que miraba cuando subió a charlar. Nos dijo su nombre y hablamos durante un rato. Como el mundo es taaaaaaaannnnnn pequeñito, resultó que era hermano de una compañera de escuela..¿qué cosas no??? Bueno, de ahí comenzamos a vernos más a menudo y un día nos topamos en el elevador y sólo ibamos él y yo, cuando ocurrió lo más mágico que recuerdo, un beso que me hizo temblar de pies a cabeza. POR DIOS!!! ERA UN CHICO GUAPÍSIMO Y ME ESTABA BESANDO A MÍ.
No se emocionen tanto que al fin y al cabo como cualquier relación juvenil, no duró tanto pero hasta el sol de hoy, no recuerdo un beso igual que ese. Y eso que no era amor... pero me acuerdo y me sonrío de oreja a oreja. No lo he visto en años pero definitivamente, fue mejor...mucho mejor que cualquier otra cosa. Y hasta aquí lo dejo porque la sonrisa me volvió al rostro y ya debo parecer demente.


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